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El ajedrez representa un ejército de la época
El tablero, cual campo de batalla, tiene a cada lado, frente a frente, dos ejércitos. Podemos dar rienda a la imaginación y pensar que ese tablero es una explanada en la que los dos ejércitos luchan de igual a igual; o quizá sea un ejército que acampa frente al castillo enemigo para asediarlo. Cada casilla es un terreno conquistado, una colina, un río, una montaña, una puerta o bastión que se gana poco a poco o se pierde. El buen estratega debe conocer bien el terreno, saber qué posición le conviene más para colocar a sus arqueros o a su caballería. Deberá escoger dónde resguardarse para dar las órdenes a su ejército, deberá encontrar los puntos flacos del enemigo para dirigir sus tropas hacia allí.
El comandante de cada uno de los ejércitos es el Rey, que es el estratega, a quién corresponde ordenar las piezas de su ejército y moverlas en el transcurso de la lid. Cada ejército tiene su color, a modo de uniforme o banderas respectivas, así no se confunden, pero también porque representan sus ideales, aquello por lo que luchan o los valores que defienden: la ambición, la verdad, etc...
Si nos trasladamos a la época en la que se inventó el ajedrez vemos que las piezas representan un ejército típico de aquel entonces. En efecto, no cuentan con tanques o con metralletas, ni helicópteros, antes bien sus fuerzas son:
Los peones o soldados de infantería. Pueden ser disciplinados y aguerridos como los romanos o los espartanos que guardaban su formación y tenían estrategias, pero también pueden ser débiles si juegan mal y dejan soldados aislados o retrasados.
Los peones luchan con espadas, lanzas y mucho coraje, ya que son la primera fila de cada ejército. Alguno tendrá tal valor en el fragor de la batalla que será “coronado” si llega hasta el final y será nombrado caballero, pasando de rango. Entonces podrá ser más que un simple soldado: un alfil, un caballo, una dama, etc.
Hay quien juega como si sus peones no fueran valiosos y no le importan que se los coman. Piensa que sólo cuentan las piezas mayores para la victoria, pero lo cierto es que la mayor parte de las partidas de ajedrez se ganan o se pierden por la estructura de peones, por sus finales aguerridos o por la coronación de alguno. Los peones son muy importantes como apoyo, para romper filas, para proteger al rey, para guardar las líneas y evitar la caballería.
Los alfiles son los arqueros. Atacan por las diagonales y, a veces, no se les ve venir, como sus flechas. Estos son muy valiosos, porque pueden herir al rival desde lejos sin que tengan que estar cara a cara. Depende de la habilidad del general lo colocará sin que sus mismas piezas los obstaculicen y o bien los sacará pronto para provocar al rival y hacer que adelante sus filas o también los dejará atrás, en la protección de sus filas, para disparar por detrás. En todo caso, hay que saber colocarlos y emplearlos. Tienen que tener cuidado para permanecer unidos, porque sólo controlan la mitad del tablero, un alfil cada color.
Los caballos o la caballería. Son también muy preciados, porque son los únicos que pueden saltar y empezar la batalla. En posiciones muy cerradas son los únicos que podrán encontrar resquicios. Hay que saber dirigirlos y colocarlos. A veces causan mucho estropicio porque tienen la capacidad de ir de un lado a otro y pillan desprevenidos a sus rivales con sus movimientos. Pueden cambiar de un lado al otro del tablero con gran facilidad, sirviendo a las piezas o los planes que más se desee. Tienen que tener cuidado con los alfiles, pues estos puede herirles con sus flechas a gran distancia, mientras que ellos deben acercarse.
Las torres son como las fortalezas. El rey puede protegerse en ellas y aguantar el asedio del enemigo. Pero también son como la artillería pesada, torres de asalto u otros medios para asaltar la fortaleza enemiga. En muchas ocasiones intentarán romper las murallas del enemigo y abrir filas por donde se cuelen sus soldados. Con su apoyo los demás podrán combatir más seguros.
La dama, a mi modo de ver, representa a los que son leales al rey, su escolta personal. Son los mejores soldados, los caballeros. Estos no suelen entran en batallan al principio, sino que lideran con el rey el ataque uno a cada lado: la dama comanda un lado y el rey el otro. Pero en ocasiones son tan intrépidos que quieren unirse a sus soldados y salen pronto a la lucha, arriesgando sus vidas, como simples soldados. Su habilidad les hace muy peligrosos. Causan muchas bajas porque son los mejores guerreros.
El rey o comandante general es quien dirige las tropas, tiene que saber dar órdenes a sus distintos destacamentos y mantenerse a resguardo protegido por sus soldados. Sólo al final de la partida, o cuando sus soldados necesiten su apoyo, saldrá a luchar. Se podría decir que su ejército sin él no sabe que hacer y por eso si es capturado los demás se rinden y acaba la partida. Este halo protector tiene sus ventajas e inconvenientes. El rey debe jugar con ello.
Todo el ejército sabe que tiene que obedecer a su rey y luchar donde este le ordene. A veces será necesario dar la vida, no por la mala decisión del general, sino porque la batalla es aguerrida y tiene bajas en los dos ejércitos. A veces será incluso necesario un sacrificio para dar la victoria a los tuyos, consiguiendo hacer un gran estrago aunque esto suponga también una gran pérdida, si con ello conseguimos la victoria final de nuestro ejército o una clara ventaja.
El ajedrez es un juego mágico. Ojalá no se pierda nunca la ilusión de ver un ejército luchando contra otro, como lo ven los niños. Hay tableros de ajedrez muy bonitos. Los hay incluso tableros temáticos. Da gusto jugar con un buen tablero. Con figuras bonitas y elegantes. Cuando ya sólo se ven cuadrículas y números, se convierte en un juego rutinario o matemático y pierde la originalidad del ajedrez. Por suerte siempre han existido Grandes Maestros, como Bobby Fisher o Kasparov, que han despertado la pasión de sus seguidores por el ajedrez y han abierto caminos inexplorados antes jamás vistos, pues ellos creaban ajedrez, inventaban cosas ni siquiera soñadas por los demás.
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